El perfume. Capitulum Primum: Una Historia de la Mierda.

“Vae me puto, cocacavi me, quod an fecerit, nescio, omnia certe concacavi. ¡Ay de mí! ,creo que me he cagado. Cómo ha ocurrido. no lo sé, pero me he llenado todo de mierda”
(Últimas palabras del emperador Claudio antes de morir, según Séneca en Apocolocyntosis).
En abril de 2005 en un Congreso titulado La Historia de la Mierda: cultura y transgresión, organizado por la Universidad de Huelva, doce eminentes catedráticos y más de quinientos inscritos se dedicaron a debatir sobre algo que, como hiciera con nuestro querido Yo Claudio en su trance al otro mundo, ha impregnado el Arte y la Cultura a lo largo de los tiempos.
Compañera no siempre amable de los romanos en la letrina pública y fundamento de una intensa vida social, pues a ella se recurría con frecuencia aunque no hubiera necesidad. Y es que la mayor parte de los romanos mostraba una gran naturalidad ante el tema fisiológico.

Aquí podían sentarse los pobres en suntuosos bancos de mármol corridos y sin separación intermedia entre agujeros sanitarios para recitar acompañados del delicado sonido del agua de un surtidor, o leer en voz alta, escribir grafitos o sencillamente departir con sus vecinos, mientras aligeraban su vientre, o fingían que estaban deponiendo, simplemente para ver si caía una nueva invitación de cena que prolongara sus maltrechas vidas y prolongar futuras visitas a tan marmóreos aposentos.


También los privilegiados varones podían llenar en plena calle a modo de urinario las tinajas cuyo contenido sería después utilizado por los antiguos tintoreros y curtidores, los fullones, en las fullonicas y se convertiría en pecunia o fuente de ingreso para el sustento del Imperio



Pecunia non olet
(Respuesta de Vespasiano a Tito al preguntarle sobre la conveniencia de gravar con impuestos la orina utilizada por los bataneros y las letrinas) ( Suetonio, Vespasiano 33,3)


Limpias, frecuentadas, marmóreas, espejo de grosería y delicadeza para muchos, pero también repulsivas y confinadas y despreciables para unos pocos: Tiberio prohibió, bajo pena capital, sentarse en sus bancos portando monedas o anillos con la efigie de Augusto, y Nerón, que se divertía echando por la noche el cieno de las cloacas a los transeúntes, arrojaba allí las efigies de anteriores vencedores en certámenes teatrales, y fue letrina la sepultura del cadáver del emperador Heliogábalo o el triste final de lápidas funerarias venidas a menos.

Las evidencias arqueológicas en las casas de Pompeya y Herculano han demostrado, por otra parte, la unión cocina-letrina, pues están separadas por un simple murete, panel de madera o nada, para mejor aprovechamiento del trayecto de las aguas residuales.

Debieron utilizarlas los esclavos de la casa, pues los dueños en general se procuraban otros dispositivos muebles en sus propias habitaciones, sillas-orinal, las sellae pertusae o familiaricae, o vasijas, lasana.
Los orinales fabricados en metales preciosos, dignificaron la humana necesidad incluso en los triclinios, y formaron parte de los ornamenta de alguna mujer romana, pero muchas veces se recurría a la adaptación urgente de recipientes utilizados en la de cocina más accesible que albergara la inmundicia.

La partida es desigual. Quien se adapta al parecer del otro y todos los días y todas las noches está dispuesto a la complacencia y hasta dedica besos al que orina bien, haciendo resonar su orinal de oro, juega con enorme ventaja.(Juvenal Sat. III)



Unos viajaban a los lugares más apartados de la casa hasta el fondo de una letrina conectada en el mejor de los casos a las cloacas o una fosa séptica, otros descansaban en una tinaja o dolium, antes de su evacuación en la calle, y muchos eran desterrados directamente desde balcones o ventanas, tentación fácil e irrefrenable que la legislación de El Digesto no prentendió nunca erradicar por antihigiénica, sino por problemas de seguridad para los sufridas cabeza de los transeúntes.
Desea y eleva esta súplica mezquina, que se contenten con vaciar sobre tí el contenido de amplios bacines(Juvenal.3,276-77)
Los detritos solían acabar, pues, en común paseo y destino: el pavimento de las calles, por donde luego todos los cacatores habrían de pasar. Los más ricos, para librarse de la enojosa suciedad, que se adhería a piernas y sandalias y no mancharse la toga, siempre tuvieron a mano la lectica o litera portada por esclavos. Y difícilmente podían librarse de los malos olores sirviéndose de los perfumes o del ámbar tras las termas; mientras que los más pobres sólo accedían de manera gratuita a estos remedios, en las sparsiones o agua perfumada esparcida entre la multitud de los anfiteatros, o los mataban con su eterno aliento a ajo.

En Visto y no visto (Eyewitnessing): el uso de la imagen como documento histórico, Peter Burke, comenta que la capacidad que tiene una película de hacer que el pasado parezca estar presente y de evocar el espíritu de tiempos pretéritos a través de espacios y superficies es bastante evidente. En este sentido, el director de El Perfume, Tom Tykwer, considera el libro del mismo título de Patrick Süskind, en que se basa la película, una novela histórica muy bien documentada.


A la pregunta de “¿En qué modo le afectó la novela por aquel entonces? nos responde
Las impresiones más poderosas fueron a nivel sensorial: la explícita descripción de la inmundicia y podredumbre en la vida diaria del siglo XVIII, que transcurría en un fétido marasmo carente de luz. Es un libro repleto de descripciones excepcionales y grandes momentos dramáticos: el parto en el mercado del pescado, el descubrimiento de París como un cosmos olfativo….”
Patrick Süskind nos describe en su libro unas ciudades con un hedor apenas concebible para el hombre actual donde apestaba desde el rey al campesino, y desde la plaza hasta el palacio. Calles estrechísimas donde transitaban cuerpos de queso rancio y leche agria sobre estiércol y el orín de carruajes, y sangre de mataderos, con viviendas de muros de madera podrida que escupían orina y excrementos de ratas, y cocinas de verduras de podredumbre milenaria.Y nos pone como modelo de este hedor inexpugnable a la mayor urbe de Francia en el siglo XVIII, París, que era por entonces una ciudad sucia y pestilente, por falta de agua para el drenaje de las alcantarillas.¿Y qué de las ciudades romanas?. Como nos dice Alain Malissard en Los romanos y el agua, al turista que recorre las secas calles romanas de Pompeya le cuesta imaginarse ese chorreo de color y olor intensos que invadía las calles desde las letrinas y discurría arrastrado por las aguas limpias residuales de las fuentes públicas hasta el pie de las murallas para desembocar en el mar; y solemos pensar que las altas aceras y las grandes piedras a través de las calzadas sólo servían para cruzarlas en día de borrasca cuando de hecho se utilizaban todos los días para evitar los ríos de agua de batanes, termas y letrinas. Y entre sus estrechos espacios, por donde apenas pasaban las ruedas de los carros, se acumulaban toda clase de escombros y basuras.Los detritos solían acabar, pues, en común paseo y destino: el pavimento de las calles, por donde luego todos los cacatores habrían de pasar.

Pero esto no era sino una óptima higiene ante las hediondas corrientes de aguas estancadas que debieron precederlas.


Sabemos que existían catorce acueductos que llevaban a la Urbe de Roma mil millones de litros de agua diarios y por eso nos gusta pensar que en Roma todas las casas disfrutaban de las comodidades de nuestra agua corriente, pero sería falso creer que sus cloacas resultaran tan eficaces como nuestros modernos alcantarillados, de los que disponemos desde hace apenas un siglo, y a menudo, durante las crecidas de los ríos, las aguas ascendían por las cloacas e inundaban las partes bajas de la ciudad.

Se calcula que unas 47.000 insulae no disponían de conductos de agua corriente o desagües: sólo disponían las plantas bajas que se encontraban cerca del trayecto de las cloaculae, las pequeñas cloacas, así pues las insulae de hasta seis pisos de altura, estaban condenadas a llenarse de mugre.


Otro gran problema de ecología urbana eran las basuras. En Roma no había un servicio público de recogida: Detritos humanos, de bestias de carga, de perros, junto con las aguas estancadas y los hedores de fullonicas, talleres de curtidores, olores y humos de cocinas y tabernas hicieron de la suciedad mal endémico,y los desechos sólidos arrojados a las calles o los ríos se pudrían lentamente creando focos de polución y atrayendo ratas e insectos y la enfermedad. Bajo Nerón murieron de peste 30.000 personas, muchos más en la que trajeron los soldados de Marco Aurelio.


Por otra parte, había presencia eventual de cadáveres de animales, o de esclavos a la espera de ser retirados. Además, muchos ciudadanos vaciaban sus inmundicias y deshechos en recipientes en los estercoleros más próximos y eran provisionales orfanatos de acogida, en tiempos de Trajano, de los recién nacidos Stercorius y Stercorosus, abandonados por sus familias pobres de donde sólo podían ser rescatados como esclavos.


En estas condiciones de cadáveres arrojados a las calles, y enfermos depositados al aire libre, la muerte debió ser en las ciudades un espectáculo cotidiano. Y los perros y aves buscaban entre los cadáveres. En una excavación de la necrópolis del Esquilino se encontraron unos pozos rellenados indiscriminadamente con basura, esqueletos de animales, excrementos y huesos humanos roídos por animales y en sus cercanías mojones delimitadores con la advertencia de que se prohíbia arrojar excrementos o cadáveres. En uno alguién añadió “Llévate lejos tu mierda o la cagarás” (CIL, 6, 31614-15)
Suetonio cuenta en Vit. Vesp. 5,4 que un perro llegó al triclinio del futuro emperador Vespasiano llevando una mano humana, pero lo sorprendente del caso es que no lo cuenta para impresionar sino como presagio

El Perfume. Capitulum Secundum: La esencia de Venus.
Sequetur……
Diciembre 19th, 2006 @ 21:33
Felicidades por el artículo, es fenomenal.Creo que has retratado a la perfección la dureza de la vida en la antigüedad.
En espera del capítulo II,
Bss
Diciembre 20th, 2006 @ 15:02
Salva: muy buena la primera entrega. La segunda, por prometer olores más agradables, será suprema.
Saludos y felices fiestas.
Enero 14th, 2007 @ 20:06
Salve Salva!
Scisne libum Patrici Süskind jam vertum esse in Latinum a Nicolao Gross sub titulo “Fragrantia - Historia homicidae”?
http://www.leolatinus.com/leo_lat/index_lat.html
sive
http://users.skynet.be/Melissalatina/
in “Libri editi”
Vale quam optime.
Albinus.
Julio 30th, 2008 @ 17:47
Muy bueno el artículo. Una duda, en las fuentes clásicas quién habla de cloaculas?